El mundo del artista oaxaqueño Filogonio Naxín

Filogonio Naxín en su estudio
(Mazatlán Villa de Flores, Oaxaca 1986)

Por Memo Bautista

“La diversidad temática, la variedad de recursos pictóricos, el contraste expresivo, no descubren al joven artista que busca un estilo. Por el contrario, Naxín es el autor que se ha formado, que ha madurado en la dura sucesión de etapas de vida contrastantes.” “En cada etapa Naxín ha debido elegir su propio papel, sus propias cargas, y ha encontrado que la diversidad del actuar responsable en el mundo requiere de formas específicas de expresión”. Ante nuevas experiencias; ante la progresiva adquisición de recursos técnicos; en el diálogo con diferentes destinatarios, responde con nuevas formas de comunicación, las que ha juzgado más eficaces, sin perder el eje original identitario, sus principios éticos, su conciencia de participación responsable. La díada unidad/diversidad de su obra puede tomarse como una autobiografía no narrada (…) “El mundo de Naxín” es tan dinámico como su vida. Los fuertes cambios han cimbrado a un hombre que ha sabido responder a las transformaciones sin perder identidad ni metas. Ha adaptado su obra a cada etapa. Ha creado una lengua simbólica capaz de llenar la gama de discursos con los que asume su posición en su mundo vivido, en su mundo creado” así cerró el historiador emérito de la UNAM, el Dr. Alfredo López Austín en la presentación de “El mundo de Naxín”, que inauguró la Coordinación de Difusión Cultural de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en febrero de 2020.

El primer día que Filogonio Naxin fue a la escuela se sentó en la última fila del salón de clase. Sacó su cuaderno y con lápiz en mano clavó la cabeza en él. Parecía que no perdía detalle y anotaba todo lo que explicaba el profesor rural que estaba al frente. Sin embargo, el niño no entendía nada de lo que parloteaba aquel hombre en una lengua extraña: el español. Hasta entonces Filogonio creía que el mazateco era el único idioma que existía en el mundo. Así que se refugió en la libreta y comenzó a hacer rayones. Con suerte pasaría desapercibido y el profesor no le diría, a ver, Filogonio, qué acabo de explicar. Aún así un día lo descubrió y le propinó un regaño con coscorrón incluido; como se usaba en esos tiempos; por quedarse mudo y no entender lo que le decían.

“No comprendíamos ese lenguaje”, dice este artista visual que hoy promueve la lengua y la cultura mazateca. “Yo no hacía la tarea no porque no quisiera, sino porque no hubo una comunicación adecuada. Era difícil entender lo que me decían. Yo empecé a entender bien español a la edad de 10 años. Al no entenderlo dibujaba. Era mi refugio. Con el habla de la gente he ido mejorando. Me costó trabajo, incluso en la Universidad, donde no entendía muchas expresiones”.

A Filogonio le gusta conversar sobre su propia historia y las leyendas de su pueblo, Mazatlán Villa de Flores, Oaxaca. Lo hace en español para que le entienda la mayoría de la gente; lo hace también en mazateco porque es su primera lengua; lo hace con el arte porque es el lenguaje que mejor domina.

Narra que los conocimientos técnicos que tenía sobre dibujo y pintura los adquirió experimentado y preguntado a sus amigos que lo hacían mejor que él; que trabajó en una carnicería donde usaba la sangre y los cartones como materiales de pintura; que la primera vez que migró a la Ciudad de México trabajó como taquero, cajero de una tienda departamental, vigilante en una plaza comercial y un edificio en Polanco. Que ahí los inquilinos lo miraban incrédulos. No podían creer que el “poli” que abría la puerta supiera dibujar tan bien.

Pero el esfuerzo diario y su buen trazo lo llevó a terminar la Licenciatura en Artes Plásticas y Visuales en la Facultad de Bellas Artes, de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO). Y en cuanto egresó Naxín trabajó en las comunidades más marginadas de Oaxaca, daba talleres a los niños y jóvenes dónde incluso invertía sus recursos para llevar pinturas y algunos materiales; buscaba, que los niños de las comunidades tuvieran una oportunidad que él en su infancia no tuvo.

Hasta la fecha unos de los objetivos del trabajo de Naxín es que niñas y niños en situación de vulnerabilidad tengan acceso al arte, pues considera que sólo a través del mundo del arte, se pueden salvar y mejorar muchas situaciones en este mundo.

En 2012 asistió a un seminario en la CDMX dónde conoció a Cristal Mora, quien era una de las coordinadoras de ese coloquio. Al ver sus pinturas, ella lo invitó a trabajar en un proyecto para crear materiales multilingües con óptica multicultural para niños en edad escolar. Entonces su carrera como artista agarró impulso. Un par de años más tarde Cristal se convirtió en su gestora y compañera de vida.

Desde 2014, reside en la CDMX y desde entonces su obra ha estado expuesta en centros culturales, galerías y museos de la República Mexicana. Entre las que destacan el Museo Nacional de las Culturas del Mundo, dónde el texto curatorial lo realizó el poeta y escritor Alberto Ruy Sánchez, que describió que “El mundo maravilloso que nos ayuda a ver Filogonio es a la vez festivo y terrible, animal y humano, muy colorido pero lúgubre, cruel y a la vez lleno de ternura. Es lúdico y es tremendo (…) Filogonio es muy imaginativo, pero a la vez es completamente visionario. Ve más lejos y más a fondo que muchos y nos hace ver con él una dimensión tremenda y a la vez fabulosa de la vida y de lo que somos en ella.”

Fue difícil para Filogonio Naxín salir adelante. Ahora le dice a los niños y jóvenes que siempre trabajen por cumplir sus sueños y que nunca abandonen su identidad multicultural.